Tasar o no tasar, esa es la cuestión

Me impresiona lo actual que puede ser un texto, ¿no os pasa?

Quizás radica ahí la inmortalidad de la escritura (lo que está escrito, existe). Así, habréis reconocido escondido el ser o no ser de Hamlet (Shakespeare, 1603), que continúa: “¿Qué es más noble? ¿Permanecer impasible ante los avatares de una fortuna adversa o afrontar los peligros de un turbulento mar y, desafiándolos, terminar con todo de una vez?” (trad. Ruano de la Haza, 2007)

¿Por qué tasar o no tasar es la cuestión? Pues, ¿qué es más noble, permanecer impasible ante los efectos nocivos de ciertos productos o afrontar sus peligros para desafiarlos? Seguramente, William Shakespeare no esperaría que un día se le citase con este fin, pero me viene al dedo: ¿qué se está haciendo tasando? ¿Es la única alternativa? ¿Tasar o no tasar, esa es la cuestión?

¿Las tasas existen o…?

En algunos países se mueve ficha (ficha anti-obesidad, que nos hace falta): Reino Unido (impuesto a los refrescos azucarados), México (impuesto para refrescos y comida chatarra), Finlandia (desde 2010, impuesto a ‘dulces’) son varios de los ejemplos de países que practican el tasar ciertos productos, al existir relación evidente con el aumento en la incidencia de enfermedades como obesidad, diabetes, hipertensión, dislipemia y aterosclerosis. Y no sólo por su contenido en azúcar o en sal, también en grasas (como ocurrió en Dinamarca, aunque dieran marcha atrás un año después).

Pero, ¿hasta dónde llega la efectividad que se le podría conceder a imponer tasas extra? Dicen Thow y colaboradores (2010): “This review indicates that food taxes and subsidies can influence consumption in high-income countries (…). The findings support current recommendations that taxes and subsidies should be included as part of a comprehensive strategy to prevent obesity.

Brownell y colaboradores (2009), sobre tasas en varios países pero en especial en EEUU: “Currently, 33 states have sales taxes on soft drinks (mean tax rate, 5.2%), but the taxes are too small to affect consumption and the revenues are not earmarked for programs related to health.” y “research to date suggests that a tax on sugar-sweetened beverages would have strong positive effects on reducing consumption. (…) Much as taxes on tobacco products (…) we believe that taxes on beverages that help drive the obesity epidemic should and will become routine.

Es decir. Si bien es muy difícil hablar de cuánto podría bajar el consumo de un producto únicamente porque tiene un impuesto concreto y nove

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¿Qué diferencia habría tasando con un 20% los refrescos? (Fuente)

doso, ocurre que podría caerse en rutina (siendo efectivo en un primer momento: la gente sabrá que paga más porque es peor, como el tema del tabaco, perdiendo efectividad posteriormente) y, en todo caso, debe proponerse en el contexto de una estrategia para prevenir la obesidad. Una pata más, no la mesa entera.

 

En todo caso, parece ser que como acción individual (política individual) podría tener un efecto agudo. La tasa impuesta en México sí parece estar consiguiendo algún nuevo paradigma (“The industry says that by taxing food, poor people will be affected. This is true. The recent research in Mexico points to a greater decrease in sugary drink purchase in poor communities, which is to be welcomed. (…) the results so far show that the tax could potentially reduce inequalities if it improves health behaviours among poorer communities and encourages spending on healthier – or less unhealthy – products“). ¿Podría cronificarse ese efecto?

 

¿… o son los padres?

La principal crítica que se le hace a esta medida es bien sencilla: peca de paternalista. Y a su alrededor brotan como setas los comentarios del tipo: la culpa es de quien la consume en exceso, ¡la culpa es de la gente!,… Muchos carácteres invertidos en analizar una realidad que parte de la base de que somos totalmente autónomos en nuestras decisiones.

¿Se equivocan al apuntar y lanzar el dardo? Pensar que somos completamente autónomos en nuestras decisiones es simplista. Al final, compras lo que está en tu mano comprar, según donde vayas, donde vivas y lo que sepas (y tu ideología). ¿Cuanta población decide comprar en un mercado local, en lugar de en un supermercado? ¿Cuanta población piensa que esa galleta debe de ser saludable por tener el sello de la AEP? Lógicamente, en el amplio espectro de la población más general habrá de todo, pero la mayoría: compra lo que ve en la tele, acude a comprar siempre los mismos productos, pefiere fácil, rápido, asequible y barato.

Y no son situaciones del imaginario colectivo. Está demostrado: La culpa de unos malos hábitos no son sólo mea culpa: “Theoretically, the results support the postulated link between biased attentional processing and consumption. At a practical level, they offer potential scope for interventions that focus on eating well.” (Kakoschke y colaboradores, 2014; Apud. Julio Basulto en Mamá Come Sano). También en un trabajo de Turton y colaboradores de 2016: “Unhealthy food intake was moderately reduced by food-specific inhibition training and attention bias modification post-intervention.” [Extracto del resumen, pero muy recomendable leerlo entero].

Existen otros argumentos anti-impuestos perennes en el debate, sobre todo los podéis encontrar (por educar) en los comentarios de los primeros artículos periodísticos que he compartido (soy un aférrimo lector de los comentarios, mi via crucis personal): ¡Es que la industria de las bebidas generan empleo! y “Es que el consumo de refrescos bebidas azucaradas representa poco porcentaje del consumo energético global”. Me gusta la opinología, genera un cuadro rocambolesco que analizar.

Contra el primer argumento, la industria armamentística, también, y la cárnica. Pero eso no debe hacernos bajar el dedo al señalar las incongruencias de nuestro consumo; si mejoramos la salud de la población, también harán falta menos sanitarios, ¿no? Es un bucle que, sinceramente, me parece poco realista. Fue también un argumento esgrimido ante la nota de prensa de la OMS sobre el consumo de carne. Contra el segundo, dos post: balance patético de Carlos Ríos y, lo siento, pero en el contexto en el que nos encontramos ese argumento perdonavidas es patético. Y mentira. 

Vida más allá de los impuestos

Sobre este debate es especialmente interesante repasar lo dicho en el Hangout no.2: La influencia de la Industria Alimentaria de Dietética Sin Patrocinadores.

Al final, hagamos lo que hagamos, debe integrarse esta propuesta (si se decide integrar) dentro de una estrategia que realmente sea más transversal, más transformadora, más transcendente. Por ejemplo: “Representar mediante imágenes el contenido de azúcar en las bebidas azucaradas reduce su encanto y la posibilidad de elección de las mismas” (artículo y estrategia analizada por Juan Revenga en este post).

Entonces, ¿Tasar o no tasar, esa es la cuestión? 

Tasemos si sirve para avisar. Tasemos, si está dentro de un programa de concienciación mucho, mucho más global. Probablemente los que dejaron de fumar en 2012 no lo hicieron porque se aumentaron los impuestos, sino porque se prohibió en los bares. La sensación de que era más nocivo de lo esperado se podía hacer patente, obtuvo resultados.

Pero me temo que sólo tasar es totalmente inútil. Pero atendamos a que si existe una tasa se está culpando al consumidor, como dice Aitor Sánchez aquí: “No soy partidario de esta medida, criminaliza y culpa al consumidor, se centra en un producto sin tener en cuenta el consumo, y todo ello en una génesis de la obesidad que es tan multifactorial. (…) En salud para hacer buenas elecciones tiene que haber buenas opciones.

Tasar, si no hay una educación competente en el marco global de actuación, no servirá más que para llenar un poco más el erario público.

Por último, una apreciación que comparto de Gortmaker y colaboradores (2011): sabiendo el camino que se debería empezar y que es un problema mundial,… hacen falta políticas de acción globales y ya mismo. Y, ¿alguien sabe quién se opondrá más fuerte a que esto ocurra?

Quizás el gran reto es poder conseguir esta acción global remando en grupo en la misma dirección. El gran sueño utópico hacia un mundo más saludable. Como le robaba al eterno Shakespeare antes: “afrontar los peligros de un turbulento mar y, desafiándolos, terminar con todo de una vez“.

De todos modos, ábrase el debate, porque: tasar o no tasar, ¿esa es la cuestión?

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5 comentarios sobre “Tasar o no tasar, esa es la cuestión

  1. Sería un error el basar la política contra la obesidad basándose sólo en impuestos. El consumo se desviaría hacía los productos “light” la IA sacaría tajada de ese nuevo pico de consumo sacando nuevas líneas de productos más “saludables”… todo esto debe ir con fuertes campañas publicitarias del tipo FAD, DGT… es decir concienciar al consumidor de los peligros del consumo de dichos productos ( me niego a llamarlos alimentos)
    Como el autor del artículo ya sabe no soy amigo de legislar a base de tasazos, impuestos… abogo por una mayor concienciación de la sociedad, puede que os suena a algo utópico, pero es mi sueño.
    Un saludo.

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    1. Hola Jay, ¡gracias por pasarte a compartir y comentar!

      Aquí estamos de acuerdo. Quizá analizando nuestro histórico-ideológico: ¿Cuándo comenzó a descender la mortalidad en tráfico? ¿Cuándo empezó a descender el consumo de tabaco? Grabar con (más) impuestos sólo podría beneficiar al erario público; no por una cuestión de libre mercado, es que se seguiría consumiendo igual y llegando más a sus nichos de mercado incluso con una cuestión de victimismo (“el Estado me odia, me tasa, menos mal que con tu fidelidad sigo aquí”).

      La solución es hacer un plan integral, donde puede contemplarse como medida (o no); una pata más de una mesa muy amplia; entonces sí, explicarás a la gente por qué y para qué. Tasar, sin más, quedará en algo anecdótico y no debería ser así.

      ¡Un saludo y hasta la siguiente!

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  2. No creo que sea la forma adecuada de decirle a nadie “esto es malo”, parece la forma barata que tiene el gobierno siempre de decir esto no se debe hacer recurriendo a la sanción o impuesto, en vez de plantear una política de educación y concienciación correcta
    Ahhh claro eso cuesta dinero.

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    1. Hola Rafael, gracias por pasarte a comentar 😉

      Estoy de acuerdo, no es la forma adecuada de decirle a alguien que “no toques, caca”. Es, quizá, la forma fácil. Pero si alguien quiere luchar contra esto, no es la forma más efectiva.

      ¿Habrá algún día que miremos nuestras campañas de Salud Pública y pensemos “¡Sí! ¡Así sí!”? Eso espero, porque viene haciendo falta.

      ¡Un saludo y hasta la siguiente!

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