Sigamos

Hace un año rezaba porque el dominio permaneciera libre. Así fue, precipitándolo todo. También que no sonase a otra cuenta de Twitter. Y más o menos, entraba en carácteres razonables. Que el logo estuviera, que la página de Facebook aún no se viera y que, en definitiva, Como Cuando Como naciera.

“¿Qué vas a hacer por tu aniversario?”

Joder, ¿es que hay que hacer algo? No sé. Celebrar que esto me ha gustado más de lo que esperaba. Que el hecho de que te compartan está bien, pero aún más la libertad de escribir sobre lo que te apetece, para lo que crees que es útil.

Que he reordenado mis prioridades en base a que tengo un espacio que necesita ser rellenado (¡necesitas rellenarlo!) por lo que piensas, no sólo por lo que puedes saber potencialmente. Saber está bien, pero pensar sobre lo que pensabas saber ya es la rehostia (y redundante).

¿Que qué iba a hacer? Podría hablar de métricas, pero no creo que le resulte útil a nadie. Podría hablar de méritos, pero ¿eso se come?. Voy a hablar de pasado porque ha sido la causa que agradecer, y de la intención de futuro, la deseable consecuencia.

Maestras, maestros. La causa.

Personas que te enseñan para toda la vida no hay tantas, pero aún así he tenido muchas, muchímmas. De la vida, de lo pedagógico, de lo existencial, de lo moral, de lo de pensar. De cómo vivir, de hacer para ti, de hacer por los demás, o de no hacer para nadie. Esas que son referentes con las que finges no tener respuestas para que sigan contándote, de hacer como consecuencia de lo que han hecho. Mirarte en el espejo para adivinar rasgos heredados, sin haber caído en la caricatura. De esas que hicieron que Como Cuando Como existiera para que mañana cumpla un año, o que estés leyendo esto.

¡Hostias! Agradeced a vuestras maestras, a vuestros maestros. Que son lo más puro que nos queda del bagaje vital. No sólo merecen el mayor de los respetos, también de las admiraciones.

Sabéis de lo que hablo. Miro ahora los libros de Julio, Lucía y Aitor. Los apuntes de Soriano y Alegría. Las fotos, las chapas, las tazas o el calendario. Sí, sabéis de lo que hablo.

Después del ahora, cuando sigamos aquí. La consecuencia.

No sé que va a seguir siendo, pero aquí estaré a ver qué cae. Con lo bueno y con lo malo.

Disculpad que no exista una línea editorial clara, que escriba sobre lo que pienso que es útil para (re/des)aprender o cambiar un ambiente y no sobre lo que más se supone que puedo saber, que no haya una estrategia de publicación pautada. Que comparta menos de lo que me gustaría, pero es que no comparto sin leer y escribís por encima de mis posibilidades. Nací con vocación de servir, no de satisfacer.

Y, sobre todo, gracias a ti que lees para no quedarte sólo ahí, o que lees para no quedarte en lo que te dijeron que debías saber, porque das sentido a seguir dándote que leer. Si alguien consigue que esto valga para algo, eres tú aquí y ahora.

Vuestras las causas, mías las consecuencias. 

Como Cuando Como nace porque me enseñaron que podía hacerse. Y en eso estoy, aprendiendo sin perder el por qué (¿o era para qué?) empezó esto. Hace un año decía que “si el miedo es la respuesta, dar el paso es la solución“. 23 entradas más tarde, sigamos.

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