¿Aumenta algún alimento por sí mismo la estatura infantil?

De pequeño, tuve la manía de beber un vaso de leche en la cena, para complementar el del desayuno. ¿Por qué? Bien simple: estudiaba los huesos en el colegio, el calcio era su material fundamental y, para que creciesen fuertes, la leche era el alimento esencial. Así que, durante varios años, era inherente a la cena: lo que hubiera, postre y de beber, leche.  ¿Puede ser que mi altura sea producto de esta costumbre?

Existe un secreto a voces alrededor de que es la disponibilidad aumentada de lácteos la que ha conseguido hacer crecer progresivamente a la población. Al menos, el segundo hecho es cierto: cada vez, las nuevas generaciones, parecen ser más altas.

¿Qué hay de cierto? Y, más importante, esta costumbre… ¿Fue causal de mi 1.93 metros de altura… o casual?

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A vueltas con el hierro en el Baby Led Weaning (BLW)

Cuando una postura se convierte en mayoritaria, se asume como obvia; cuando aún es minoritaria parece más una excentricidad de un grupo que una posibilidad que atender (o entender) antes de hacer caer el yugo de la obviedad mayoritaria. ¿Suena?

Del mismo genio cientifista que maternizó un lácteo para destetar la lactancia materna (como si hubiera que mejorar lo que ya era óptimo y readaptó como si no hubiera nada adaptado), problamente también naciera una hipótesis tan obvia como errónea: los/las lactantes no tienen dientes, ergo sólo puré-papillas.

Esta opción se hizo mayoritaria, ergo obvia (¿u obvia, ergo mayoritaria?). Y la corriente que reclama desandar ese camino pareció, y parece, una excentricidad que arrinconar. Por suerte, coge fuerza. Aunque no será gracias a las críticas facilonas (aka, cuñadas) que recibe.
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