¿Aumenta algún alimento por sí mismo la estatura infantil?

De pequeño, tuve la manía de beber un vaso de leche en la cena, para complementar el del desayuno. ¿Por qué? Bien simple: estudiaba los huesos en el colegio, el calcio era su material fundamental y, para que creciesen fuertes, la leche era el alimento esencial. Así que, durante varios años, era inherente a la cena: lo que hubiera, postre y de beber, leche.  ¿Puede ser que mi altura sea producto de esta costumbre?

Existe un secreto a voces alrededor de que es la disponibilidad aumentada de lácteos la que ha conseguido hacer crecer progresivamente a la población. Al menos, el segundo hecho es cierto: cada vez, las nuevas generaciones, parecen ser más altas.

¿Qué hay de cierto? Y, más importante, esta costumbre… ¿Fue causal de mi 1.93 metros de altura… o casual?

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No sólo del azar vive el cáncer

Hace unos días, El País publicaba un artículo que decía que la principal causa del cáncer era el azar, que surge a raíz del artículo “Stem cell divisions, somatic mutations, cancer etiology, and cancer prevention“, publicado hace justo una semana. No sólo este, también otros medios se han hecho eco de la nota de prensa con entradas casi idénticas (1, 2, 3, 4).

Pues bien. Tras el titular, se dice: “Dos tercios de los cánceres no pueden prevenirse con el estilo de vida; la detección precoz es más esencial que nunca“. ¿Es esto todo lo que nos dicen Tomasetti y cols en su paper? Es el mismo equipo que hablaba del factor mala suerte hace dos años y que entonces sí concluía que “Only a third of the variation in cancer risk among tissues is attributable to environmental factors (…) The majority is due to “bad luck,” that is, random mutations arising during DNA replication in normal, noncancerous stem cells“.

Entonces, ¿determina el factor mala suerte el cáncer?

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¿Justificó Otto Heinrich Warburg una dieta para el cáncer?

Año 1931. Premio Nobel de Fisiología y Medicina para Otto H. Warburg por sus, y cito: “descubrimiento en la naturaleza y modo de acción del enzima respiratorio“.

Fundamentalmente, Warburg teorizó sobre la respiración celular desde dos décadas antes de ganar el Nobel: cómo el cianuro la bloqueaba, cómo el hierro era fundamental para el proceso…  Posteriormente, postuló el Efecto Warburg, que hace referencia a que las células tumorales producen energía con un proceso donde no está implicado el oxígeno (anaeróbico). De hecho, propuso la una hipótesis (Hipótesis de Warburg), centrando en este hecho la causa (no consecuencia) del cáncer; actualmente, esta patología no se puede explicar como consecuencia de una única causa, ni esta hipótesis es igual de interesante en cualquier neoplasia.

Ahora bien, ¿justifican sus trabajos que se deba determinar para alimentarse la alcalinidad o acidez de los alimentos? No.

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A vueltas con el hierro en el Baby Led Weaning (BLW)

Cuando una postura se convierte en mayoritaria, se asume como obvia; cuando aún es minoritaria parece más una excentricidad de un grupo que una posibilidad que atender (o entender) antes de hacer caer el yugo de la obviedad mayoritaria. ¿Suena?

Del mismo genio cientifista que maternizó un lácteo para destetar la lactancia materna (como si hubiera que mejorar lo que ya era óptimo y readaptó como si no hubiera nada adaptado), problamente también naciera una hipótesis tan obvia como errónea: los/las lactantes no tienen dientes, ergo sólo puré-papillas.

Esta opción se hizo mayoritaria, ergo obvia (¿u obvia, ergo mayoritaria?). Y la corriente que reclama desandar ese camino pareció, y parece, una excentricidad que arrinconar. Por suerte, coge fuerza. Aunque no será gracias a las críticas facilonas (aka, cuñadas) que recibe.
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